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RECONOCIMIENTO DANZA UNAM - 2018

Manuel Hirám (Tuxpan, 1930)

Regisseur, director de escena, iluminador, bailarín y coreógrafo

Por su presencia constante en los terrenos no tan visibles, pero imprescindibles, de la danza en México y su aportación polifacética en los espacios en los que ha trabajado a lo largo de 65 años de trayectoria, así como su apoyo a las nuevas generaciones.

 
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La Dirección de Danza de la UNAM entregará el reconocimiento al artista veracruzano el próximo viernes 25 de enero, a las 6:30 pm, en la sala Miguel Covarrubias del Centro Cultural Universitario.

 

Manuel Hirám

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Manuel Pérez Sánchez (Manuel Hirám), nació en Tuxpan, Veracruz, el 18 de julio de 1930. Es bailarín, maestro, coreógrafo, regisseur, director artístico, director de escena e iluminador con más de 60 años de trayectoria artística.

Estudió la carrera de ingeniería en el Instituto Politécnico Nacional. También hizo estudios de música y de artes plásticas en la Academia de San Carlos. Estudió Danza Moderna en la Academia de la Danza Mexicana (INBA) y en el Nuevo Teatro de Danza. Incursionó en el área de folklor, estudiando diseño de iluminación y dirección de escena; sus principales maestros han sido: Valentina Castro, Ruth Noriega, Antonio de la Torre, Helena Jordán, Marcelo Torreblanca, Waldeen, Bodyl Genkel, Xavier Francis, Elena Noriega, David Wood, Guillermo Noriega y Miguel Covarrubias. Como bailarín trabajó en la Compañía oficial del INBA.

Participó en el grupo de Magda Montoya de la UNAM y el Ballet Contemporáneo, de Rocío Sagahon. Fue miembro del Nuevo Teatro de Danza, de Bodyl Genkel y Xavier Francis. En el año de 1959, llegó a La Habana, Cuba, donde hizo televisión y cine e ingresó al Conjunto Nacional de Danza Moderna (hoy: Danza Nacional de Cuba), dirigido por Ramiro Guerra, en el cual fue bailarín, maestro y coreógrafo, y con el que recorrió toda la isla.

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En el CNDM fungió como uno de los directores y regisseur principal, también estuvo a cargo de la dirección de escena y el diseño de iluminación de sus propias obras. Colaboró como maestro en el Teatro Estudio de Raquel y Vicente Revuelta. Trabajó arduamente junto con Ramiro Guerra, Elena Noriega (México) y Lorna Burdsal (USA) en la elaboración del Sistema de la Técnica Cubana. Se relacionó con gente de teatro, cine, música y ópera, así como con escritores y pintores, creyendo en la ínterdisciplina de todas las artes como perfil de formación del bailarín y coreógrafo.

Octeto(1962), Danza (1963), Marionetas (1965), y Cuatro estados de ánimo (1969), son las principales obras que montó en su estancia de 13 años en Cuba. Ya en México, en 1972, se integra al Ballet Independiente, dirigido por Raúl Flores Canelo. Se hizo cargo de la dirección de escena, la escuela, el diseño de iluminación y fue el regisseur principal. A partir de la muerte de Flores Canelo, en 1992, tuvo a su cargo la Dirección Artística del Ballet Independiente, hasta el año de 2003.

Con el Ballet Independiente montó Maria la O. (1991), coreografía de Manuel Hiram y guion de Raúl Flores Canelo; De los Diarios de Kafka (1996), de Anna Sokolow, Reconstrucción (1980) Manuel Hirám y Lorry May, y Preguntas nocturnas, de Raúl Flores Canelo (1989), nueva versión de Manuel Hiram (1999).

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Ha realizado el diseño de iluminación para obras de  compañías como Ballet Provincial de San Luis Potosí, de Lila López; Foriom Ensamble, de Jorge Domínguez y Lidya Romero; Cuerpo Mutable, de Lidya Romero; Alternativa, de Luis Fandiño; Danza Estudio,  de Bernardo Benítez; Tropicana, de Graciela Henríquez; y Contradanza, de Cecilia Appleton; así como para proyectos de artistas de la talla de  Mario Alberto Frías (Proyecto Ensamble), Juan Manuel Ramos (Bajo Luz), Claudia Desimone, José Rivera (La Cebra), Raymundo Romero, Genoveva Hernández, Elisa Rodríguez, Sara Salazar y Vivian Cruz.

Fue miembro fundador y directivo de la Sociedad Mexicana de Coreografía (SOMEC), desde su formación hasta la fecha. Ha trabajado en países como Francia, Alemania, Polonia, Hungría, Rumania, Holanda, República Checa, URSS, Guatemala, Estados Unidos y Cuba, en los cuales se ha presentado en sus diversas facetas en el ámbito dancístico.

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En el año 2004 cumplió 50 años de trayectoria artística y la comunidad de la danza mexicana le rindió un exitoso homenaje en agosto de 2005. En 1991 recibió del entonces Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y el Gobierno del Estado de Sinaloa el Premio José Limón. En 1996 recibió un Homenaje del Instituto Nacional de Bellas Artes como reconocimiento por la trayectoria destacada de Una Vida en la Danza. En mayo del año pasado recibió el Reconocimiento “Alejandro Schwartz” por su distinguida trayectoria, en el marco del Festival Guillermina Bravo de la Facultad de Danza de la Universidad Veracruzana.

En 2004 Manuel Hirám, Paulina Álvarez y Helmar Álvarez fundaron la Compañía Tierra Independiente en la CDMX, que durante 14 años de trabajo ininterrumpido ha creado obras como: En Tránsito  (2005), el remontaje de la obra La Otra Orilla, de Lidya Romero (2006), Perspectivas del Encuentro (2007-09), Aquí abajo  (2008), 11-22 y dejo que nos lleve  (2009), Quién sabe (2010), Vámonos de aquí (2012), y Masiosare (2013-15), participando en giras, festivales y diversos teatros de la república mexicana.

Como director de escena e iluminador de Tierra Independiente, ha transmitido a Paulina Álvarez y Helmar Álvarez su vasta experiencia en el campo artístico, impulsando y complementando así el desarrollo y fortalecimiento de esta compañía que desde 2013 instauró su sede, el Centro de Gestión Escénica Tierra Independiente, en el Estado de Oaxaca, como una plataforma para la creación, producción y difusión de las artes escénicas a nivel local, nacional e internacional, favoreciendo al mismo tiempo la formación de públicos y la educación artística inicial a través de las artes.

 

 

RECONOCIMIENTO DANZA UNAM - 2017

Ganador: Serafín Aponte

 
 

La danza moderna y contemporánea mexicanas tienen como sello característico la cercanía de este arte con los procesos sociales que han tenido lugar en el país. La danza escénica, hecha en México, históricamente se ha caracterizado por plasmar los reclamos de justicia, los anhelos de una sociedad más justa, la esperanza en el futuro. De esta fuente se nutre el artista a quien hoy se otorga el Reconocimiento Danza UNAM 2017.

La trayectoria del maestro Serafín Aponte está indisolublemente vinculada con el Estado de Guerrero, primero, porque fue ahí en donde comenzó su trayectoria en la compañía de danza, Barro Rojo, y porque siempre, su tierra ha sido un referente que lo orienta en un compromiso patente con el pueblo mexicano.

Serafín Aponte es el bailarín, el coreógrafo, el maestro, el artista que hace de la danza su trinchera para construir mundo. En la trayectoria del mexicano que hoy honramos está siempre presente el no conformarse con nada. El quehacer profesional de Serafín Aponte está marcado por el amor por la vida y por las personas, de ahí una trayectoria signada por la generosidad.

Primero como bailarín, en cuyo cuerpo se hacen realidad tanto movimientos contemporáneos como ritmos y gestos que le vienen de sonoridades de la sierra y de la costa guerrerense. Tradición y modernidad tejidos en un cuerpo vital y comprometido con la escena.

Como docente, cuántas vocaciones no se han visto impulsadas por el trabajo en el salón de clases, en donde Serafín enseña a sus estudiantes algo más que pasos o técnicas, enseña que la danza es una forma de estar en el mundo, que el movimiento es una forma de resistir y de crear caminos posibles para la humanidad.

Como coreógrafo, formó parte de una generación de ruptura, la de los grupos independientes de la década de 1980, quienes mostraron al mundo una forma de moverse y que pensaba la danza en clave latinoamericana.

La compleja situación que vive el país, llevó a Serafín Aponte a iniciar un proyecto en el Estado de Guerrero para intentar, a través de la danza, contribuir a repensar el país, la imperiosa e impostergable necesidad de ser otros, de hacer comunidad, de que a través de la danza sea posible construir una cultura de democracia y paz. Porque estar en escena es aprender a estar juntos, a respetar el espacio del otro, a reconocernos como diferentes y al mismo tiempo ser partícipes de un objetivo común.

Los talleres y clases que impulsa en Guerrero se llenan de jóvenes que intentan, con la desesperación que surge en las situaciones límite, salvarse, ganarle una partida a la vida. En estas clases se constata que bailar es un acto de resistencia ante la muerte.

El jurado que fue convocado por la Dirección de Danza de la UNAM, para otorgar este reconocimiento, decidió por unanimidad premiar la labor de Serafín Aponte, porque hay artistas que nos regalan obras excelsas y otros que, además, nos enseñan a vivir.

Celebramos con Serafín, en este reconocimiento que la UNAM le otorga, esa danza comprometida con el país que con tanta urgencia requerimos hoy: formar cuerpos para la paz, que defiendan lo valioso de toda vida humana.